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Martes, 21 de Diciembre de 2010 16:37

NOTA:Argentina: La rebelión de los otros hijos

por  Marcelo Izquierdo
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Revista Proceso. México

Por Marcelo Izquierdo

Buenos Aires, 22 de agosto (apro).- Un grupo de hijos de torturadores de la dictadura militar argentina impulsa la creación de una asociación que los represente para repudiar los métodos utilizados por sus padres, en una “histórica rebelión” iniciada por Ana Rita Pretti, hija de un exrepresor del centro de detención ilegal “Coti Martínez”, en la periferia norte de Buenos Aires. “No quiero seguir con este linaje de muertes”, sentenció la joven, hija del fallecido policía bonaerense Valentín Milton Pretti, también conocido con el alias de “Saracho” durante los años de plomo de la represión ilegal. Ana Rita, de 33 años, fue la primera en tomar la lanza de estos hijos de la muerte contra sus progenitores con un pedido que, en ambientes de derechos humanos de la Argentina, fue juzgado de “histórico”: solicitó a la justicia cambiarse el apellido Pretti por el de su madre, Vagliati, “porque ella resistió a mi padre y a la sociedad que lo construyó”. Antes y después que la mujer diera a conocer su caso, otros hijos de torturadores se contactaron con ella para compartir su situación. “Estamos pensando en crear un grupo”, dice Ana Rita en entrevista con Apro.

 

 

“A todos nos rodeó el mismo terror. Hay que ver si los demás también se animan a hablar”, afirma esta mujer que trabaja como empleada en el bloque parlamentario Sur, de izquierda, en el palacio legislativo porteño. “Hemos hablado de lo que nos ocurrió. Nos rodea a todos el mismo terror, que nuestras familias estén silenciadas. Falta analizar de qué se trata ese miedo, ese terror, que también engloba a toda la sociedad”, dice Ana Rita, que decidió después de muchos años de psicoanálisis dar a conocer su historia. “Muchos de ellos son amigos míos. Teníamos historias muy parecidas. Es un proyecto que tengo, aunque la situación es bastante complicada”, agrega. Ana Rita se acostumbró a salir en televisión en los últimos días: ella misma convocó a una conferencia de prensa para explicar su pedido a la justicia. “Todo esto me sirvió, fue una especie de parto. Creo que ahora se inicia otro proceso, esto es apenas el comienzo. La idea es crecer y crecer como grupo. Tengo proyectos, ganas. Quiero llamar a otros hijos a ver si se atreven a hablar”. “Vamos a ver cómo trabajamos esto, para que se atrevan a contar sus historias”, dice en su entrevista con Apro. La joven contó con el respaldo de su grupo de militancia en la izquierda argentina y en la agrupación HIJOS, conformada por los hijos de desaparecidos recuperados por las Abuelas de Plaza de Mayo y que luchan por restituirle la identidad a los cientos de jóvenes que aún viven con sus apropiadores desconociendo su verdadera historia. “Siempre dijimos que los hijos y nietos de los torturadores serían sus peores jueces. Aunque no sean juzgados por la justicia, sus hijos los condenarán”, dice la histórica dirigente de las Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. Bonafini habló con Apro momentos antes de recibir a Ana Rita Pretti en la sede de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, una de las dos ramas en que están divididas estas luchadoras sociales. “Su decisión me pareció espectacular. Aquí vinieron ya varios hijos de militares para saber si ellos eran hijos de desaparecidos. Los casos los manejamos de forma privada. Algunos lloraron cuando se enteraron de su verdadera historia y aquí encontraron a tíos, primos”, señala. ”Saracho” El comisario de la policía bonaerense Valentín Milton Pretti fue jefe del Comando Operativo Táctico número 1 (COT1) de la localidad de Martínez, en la periferia norte de Buenos Aires, un centro ilegal de detención también conocido en la jerga policial como “Coti Martínez”. También intervino en los campos de concentración “Pozo de Bánfield”, en el de Quilmes y en Puerto Vasco, todos en el Gran Buenos Aires. En los archivos de la Conadep, la comisión especial creada por el ex presidente Raúl Alfonsín tras la recuperación de la democracia en 1983 para investigar los crímenes de la dictadura, “Caracho” aparece en varios expedientes. Uno de ellos es el que involucra a Jacobo Timmerman, el fallecido periodista fundador del diario La Opinión que fue secuestrado y torturado en varios centros de detención. Logró sobrevivir y denunció su caso durante el juicio a las juntas militares. “Coti Martínez fue uno de los tantos centros de torturas. Allí (el ex ministro del Interior de la dictadura Albano) Harguindeguy le cortaba los dedos a los torturados para hacerlos hablar”, dice Bonafini. Un ex detenido, Alberto Liberman, contó en uno de los juicios contra ex represores que “las condiciones de detención eran prácticamente infrahumanas, estábamos hacinados en algo que no era ni siquiera una celda, salvo por las rejas (...) 12 o 13 personas en una habitación de tres metros por tres”. Allí, los detenidos estaban “tabicados”, lo que en la jerga policial significa ponerles una venda en los ojos para que no pudieran identificar a sus captores. “Al que llevaba los interrogatorios lo llamaban por el nombre de “Trimarco”, (el represor Eros Amílcar Tarela), y al que comandaba el lugar lo llamaban por el nombre de “Saracho” (el comisario Pretti, padre de Ana Rita)”, declaró Liberman, ex ministro de Obras Públicas bonaerense. Liberman dijo que en Coti Martínez, donde estuvo poco menos de tres meses detenido antes de ser trasladado a otros centros de represión, se practicaban “tormentos con picana eléctrica”. Otro detenido, Carlos Iaccarino, declaró que “con el hambre que teníamos llegamos a un estado animal. Nos peleábamos por tres chorizos para cuatro personas". En ese ambiente se crió Ana Rita. Junto a un padre que se regodeaba de las prácticas que la dictadura ponía en marcha para aniquilar a la guerrilla y a los militantes sociales y de izquierda, en una guerra sucia que dejó una estela de 30 mil desaparecidos, cientos de niños apropiados por represores y una herida profunda en la sociedad. Un informe psicológico al que tuvo acceso Apro afirma que “Rita siente que lleva una marca o mancha –el apellido Pretti y su linaje de horror-- que debe limpiar para pertenecer al colectivo ciudadano”. Durante su exposición con la prensa, Ana Rita dijo que en varias ocasiones su padre le contó sus experiencias como torturador, pero sólo decidió dejar de verlo cuando le confesó que había matado a un niño, hijo de una guerrillera. Según el relato de su padre, él mismo mató al niño que estaba herido supuestamente porque su madre, al verse rodeada, le disparó antes de tomar una pastilla de cianuro. Este ambiente llevó a su madre, Juana Vagliatti, a enloquecer y terminar sus días en un neurosiquiátrico, aunque su hija recuerda su ternura y su intento por alejarlos de ese tortuoso mundo. El comisario torturador tenía tal grado de cinismo que, los fines de semana, llevaba a pasear a su familia prometiéndoles ir a tomar helados a “Coti Martínez”, como él llamaba a una heladería que quedaba cerca del centro de torturas que él comandaba y a donde a esa misma hora se torturaba a los detenidos. Al fin de la dictadura, Rita tenía 11 años y comenzó a darse cuenta de la realidad que la rodeaba. Su padre fue citado a declarar por la justicia y se escapó, estuvo prófugo, hasta que las leyes de perdón --llamadas de punto final y de obediencia debida, dictadas por presión militar durante el gobierno de Alfonsín-- lo eximieron de todo proceso judicial. Los recuerdos de la hija de uno de los represores más sanguinarios de la época más dura del país se entrelazan. El comisario Pretti llegó incluso a amenazar a un profesor de la escuela secundaria de Rita, a fin de que no hablara de la represión ilegal durante la dictadura. La ruptura con su padre sobrevino tras la confesión del asesinato de un niño indefenso. “La posibilidad para Rita de cambiar su apellido --dice el informe psicológico-- tiene la importancia de la conclusión de un proceso y la apertura de otro (...). Este proceso de des-identificación de la inhumanidad de su padre culmina con la no transmisión generacional de un apellido cargado de horror, la no repetición de un linaje siniestro y estigmatizante”, concluye el reporte. Ana Rita, en su entrevista con Apro, reafirma que “mi vida viene de mucho sufrimiento, la vida se hacía muy complicada, no sólo sobrevivir cada día. En lo personal este hecho (del cambio de apellido) es simbólico, pero yo ahora cuento la historia de otra manera. Veo la vida de otra manera, desde una posición de absoluto respeto por la vida”. Dos de sus hermanos dijeron entender su decisión, aunque no se sumaron al pedido de cambio de apellido. Otro hermano aún no tomaba contacto con ella. Pero la pregunta que quedó rondando en este caso es si realmente murió el comisario Valentín Milton Pretti. Un informe de América TV puso en serias dudas su fallecimiento, y sugirió que el ex represor fraguó su muerte para esquivar a la justicia. “Falleció en el 97. Creo que la confusión parte por las vueltas de la burocracia. Un juez estaba por pedir su captura y no se había enterado de su muerte. Se enteraron por mí, que había hecho una presentación judicial ante otro despacho. No fue algo macabro. Los papeles que certificaban su muerte estaban, pero los tenía otro juez”. --¿Usted puede asegurar que está muerto?-- preguntó Apro. --Yo fui al velorio, estuve sentada frente a su cuerpo. Pero me imagino que van a investigar esto también. La verdad, no se me ocurrió pedir el parecer de un médico (para certificar personalmente el fallecimiento)--, afirma Ana Rita. El comisario Pretti murió, según consta en el certificado de defunción, por un paro cardiaco a los 68 años. “El sufría problemas de corazón. Tuvo un ataque dentro de un negocio en (la localidad bonaerense de) Lanús”. “Ya no vivía con él”, dice Ana Rita. “Igual yo esperaría a ver qué dice el juez sobre esto”.

Ultima modificacion el Jueves, 23 de Diciembre de 2010 13:53

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