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Miércoles, 08 de Diciembre de 2010 18:25

ESCRITO:Encuentros, desencuentros y rupturas entre familiares de desaparecidos y familiares no cómplices de represores. ¿Territorios impensables? Notas sobre una práctica de resistencia posible.*

por  Santiago Emilio Montilla Galeano
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1. Lógicas genocidas y tanatopolítica

1.1.-Introducción

¿Cómo pensar los modos en que sectores enteros de una población anudan sus deseos al poder genocida y concentracionario, al mismo tiempo que naturalizan la impunidad e instalan el olvido?

La resolución de los genocidios y los procesos de impunización de los responsables, no sólo son prioridad de los estados y sus instituciones sino también de las poblaciones que los padecieron y/ acompañaron. Por ello nos preguntamos: ¿Cuáles son las condiciones de posibilidad que permiten en el entramado de lo que llamamos lógicas genocidas? ¿Cómo funcionan y se articulan lazos subjetivos que arman la trama discursiva y extra discursiva de las prácticas sociales genocidas? ¿Cómo intervenir en su desarticulación?

 

 

En principio queremos indagar algunos a prioris conceptuales que operan como sentido común disciplinario y que obstaculizan modos de abordar la complejidad de los genocidios y sus efectos.

En este sentido se nos hace necesario pensar la categoría de genocida y diferenciarla de la de represor. En las lógicas consagradas de las disciplinas criminalísticas, se hace distinción entre el autor material de un crimen y el o los autores intelectuales. De este modo se  configuran dos tipos de responsabilidades: las de aquel que lleva adelante el acto material del crimen o delito (autor material) y aquel o aquellos que llegado el caso, han diseñado y encargado a terceros la gestión y administración del crimen, se llama a estos, autores intelectuales.

¿Se pueden pensar los crímenes de lesa humanidad desde estas lógicas? ¿Qué sucede cuando es el propio estado quien produce y administra  muerte? ¿Cómo pensar las prácticas sociales que los produjeron sin caer en psicologismos tan a la moda o remitir la globalidad de los fenómenos a la noción de complicidad de innegables remisiones jurídicas?

 

En el imaginario social y el sentido común,  la palabra represor connota al responsable de secuestrar, torturar, asesinar y desaparecer a opositores políticos. A nuestro modo de entender creemos que esta producción de discurso es sostenida en principio, por el modo binario de pensamiento occidental y reproducida por algunos medios de comunicación y otros actores sociales, haciendo quedar (o dejando) en visibilidad las manos ejecutoras y en la invisibilidad el  corpus complejo de prácticas sociales genocidas. Se desaloja de este modo el carácter político de un plan sistemático y estatal de eliminación de las disidencias.  Al mismo tiempo queda velada la cooperación civil, sin la cual dicho  plan  no hubiera sido posible.

 

1.2.-Lógicas colectivas genocidas, máquinas de producción de muerte

Para el discurso jurídico es central establecer en el proceso judicial, niveles de responsabilidad respecto de crímenes y delitos. En nuestro caso intentamos establecer un modo de funcionamiento social, político y subjetivo de producir genocidio, impunidad y olvido.

En Michael Foucault el poder es pensado como reticular, disperso, microfisco y no como la centralidad de un poder que se tiene y reprime. En este punto  creemos que la lógica que sostiene el poder genocida es reticular y colectiva; en tanto no pensamos la aniquilación de opositores políticos como la voluntad exclusiva de un pequeño conjunto de instituciones poderosas, llámese: Iglesia, FFAA y de seguridad.

En el linaje de este autor  se sostiene que si bien es posible pensar los procesos poblacionales desde la biopolítica, esta noción se nos hace reductiva para pensar la administración de la muerte y la  desaparición de opositores políticos y grupos étnicos en Latinoamérica.

Tenemos que reconocer que los planes imperiales en combinación con las oligarquías locales toman la iniciativa represiva. Llamamos tanatopolítica a la decisión del estado y sus instituciones de aniquilar, exterminar y  desaparecer la disidencia política en vez de incorporarla al juego social de regulación de las diferencias.[1] Al mismo tiempo incluimos en esta conceptualización la naturalización por parte de poblaciones enteras de este tratamiento de la diferencia y la disidencia. Pensamos la tanatopolítica también como un dispositivo táctico que produce complementariamente a la biopolítica, territorios de exclusión y erradicación de la diferencia., así como la segunda construye  modos de inclusión y asimilación de esta. La complementariedad de estas macro y micro políticas coexisten en un  mismo estado y sociedad y no pueden pensarse una sin la otra. Por ejemplo, cuando  el estado emite políticas publicas que privilegian a los sectores de poder  y omite al mismo tiempo los efectos que esta concentración de riqueza produce en los sectores menos favorecidos ,  no solo produce modos de inclusión, sino millones de excluidos y pauperizados expropiados de futuro condenados al consumo masivo de drogas basura, fulminantes como el paco. Los 30.000 ahorristas que fueron condenados a una muerte furtiva y silenciada por haber sido expropiados del sentido de su vida de trabajadores.

Al mismo tiempo  que el estado deja de ser garante  de la vida y condena a  diferentes modos de muerte por acción u omisión; sectores enteros de la población naturalizan estas situaciones y  en algunos casos cooperan con la exclusión y diversos modos de omisión al imaginarizar a estos sectores pauperizados como, amenazantes de su seguridad y bienestar. De este modo queda armada entonces, una maquina de funcionamiento eficaz  y autorregulada de muerte.

 

¿Cómo pensar  estos  modos de cooperación por las cuales se sostienen estas lógicas?

 

 

1.3.-Modos de cooperación siniestra

Con esta noción hacemos  no  hacemos referencia  a los modos de complicidad en el sentido jurídico, aunque a veces los  incluye. Tampoco se trata de tipos subjetivos patológicos estables sino más bien de momentos de subjetivación.

Como momento de subjetivación entendemos a la conjunción entre la lógica genocida centralizada (estatal - institucional), y deseos singulares (individuales-grupales) de  exclusión y aniquilación de la diferencia (lógica genocida molecular/microfísica)

A título enunciativo referimos algunos modos de lo que llamamos cooperación siniestra:

 

Cooperación  participante: se percibe los efectos de la maquina de muerte (exclusión y  aniquilación) y se lo aplaude: “algo habrán hecho…”.” Estos piqueteros de m…  que  vayan a laburar”, “A estos negros de mierda hay que matarlos a todos…”

Cooperación no participante: no se percibe los efectos de la maquina de muerte, pero esta es reproducido reafirmando la diferencia como amenazante y peligrosa para la seguridad y el bienestar propios. “no se… eran rubios, usaban maquinas de escribir a la madrugada… (Los rubios). “Estos vienen a sacarnos el trabajo…”  “A esos no les gusta laburar…”

Cooperación perceptiva: se perciben los efectos de exclusión, aniquilación y muerte  y se desmienten, desalojando lo percibido de la realidad  instalándose modos de resignación acobardada.

Estos son algunos, a nuestro entender,  modos de cooperación que han sido imprescindibles para que  se instalen, legitimen y reproduzcan las lógicas colectivas genocidas y sus maquinas de muerte, impunidad y olvido.

 

Por ello lo que llamamos tanatopolítica puede ser  pensada como la dinámica de un proceso enredado y complejo. Sería la puesta en práctica que dispone a erradicar, eliminar, excluir, aplastar lo que es significado como “lo diferente”. Llamamos también tanatopolítica, a las razones, las argumentaciones, la omisiones, desmentidas –doctrinarias, jurídicas,  míticas  y fantásticas- y las prácticas de: apropiación, exclusión y encierro; tormentos, tortura, muerte y desaparición o exterminio de los cuerpos y la memoria de personas consideradas una amenaza por su sola existencia y sus implicaciones (efectos) en los vivos y la sociedad toda.

 

En este trabajo nos hemos introducido en aquel aspecto de la tanatopolítica que tiene que ver con la producción y gestión de la muerte, quedan pendientes otros aspectos  tales como los procesos de legitimación de la impunidad, y el olvido.

2.- Nuestra implicación

Este país, este continente, primero con el genocidio de los pueblos originarios y luego con el Terrorismo de Estado y genocidio de la última dictadura militar, nos interpela mucho más allá de cualquier inserción profesional, institucional o familiar.

Como ciudadanos/as nos enfrenta ante la responsabilidad del Juicio Y Castigo a los Culpables –y las tareas que conlleva- la resolución de las impunidades y la consecuente generación de condiciones de posibilidad que impidan otros genocidios –no sólo campos de concentración y desaparición forzada-.

Como personas, nos pone frente a la actualidad de prácticas y discursos que se encarnan en el exterminio de poblaciones enteras,  por ejemplo la provincia del Chaco. La población toba, luego de siglos de resistencia a la desaparición, enfrenta hoy la pesadilla de un nuevo régimen de cultivos, la cultura siniestra de la soja transgénica. Antes fue la madera de la selva llamada El Impenetrable; hoy se le agrega la apropiación ilegítima de la propiedad ancestral y comunitaria en manos de los consorcios multinacionales sojeras.

Se trata del exterminio por exclusión, desarraigo, hambre y persecución de una etnia completa. No puede dejar de dolernos que estos mismos consorcios produzcan o intenten producir la misma aniquilación en otras provincias y con otras etnias y culturas: las luchas del Movimiento Campesino de Santiago del Estero y la de los Abá Guaraníes en Salta, dan cuenta de estas situaciones.

Como profesionales nos coloca en este plexo de compromisos entre los cuales intentamos producir nuevas herramientas, otras prácticas y reflexiones que permitan enfrentar los genocidios, pasados y presentes.[2]

3.-Hacia  nuevos modos de resistencia

 

En los últimos treinta años, múltiples han sido los modos de resistencia a algunas de estas prácticas con que algunos sectores de la sociedad argentina enfrentaron a la dictadura militar, el genocidio producido y los procesos de impunización que comenzaron en los años setenta y se prolongan hasta el presente.

Desde los primeros secuestros y desapariciones, quienes se enfrentaron al régimen militar fueron los familiares: madres, padres, hermanos y amigos de quienes sufrían el secuestro, la tortura y la desaparición.

Fueron comienzos pequeños: pedidos de habeas corpus, encuentros en diferentes juzgados, parroquias, cuarteles; mostraban menos un programa y organización política y más situaciones en las que la desesperación y  la exigencia de la aparición con vida, operaban como aglutinantes de un pequeño grupo de mujeres. Potencias políticas conseguidas a fuerza de pedir lo imposible.

Sin pretensión de asimilar fenómenos, el 19 y 20 de diciembre del 2001 vuelve a traer a la escena social y política el pedido de lo imposible: Que se vayan todos.

Tanto la Aparición con vida como el Que se vayan todos… no operaban como propuestas programáticas: ni las Madres esperaban que les devolvieran a sus hijos con vida, ni el colectivo social esperaba con la consigna  Que se vayan todos, que no quede ni uno solo,  que todos los políticos profesionales y sus instituciones fueran erradicadas. Estas con sus significancias, desafiaban y provocaban la dimensión instituyente de la imaginación colectiva que forzaban a pensar nuevos modos de gobernabilidad.[3]

No fueron sólo las Asambleas Barriales y las Fábricas Recuperadas las únicas expresiones de los nuevos desafíos políticos instituyentes. En territorios de menores dimensiones, más moleculares como los dispositivos terapéuticos, tanto individuales como grupales, aparecen nuevos padecimientos. Mortificaciones que durante mucho tiempo se padecieron en silencio, comenzaron a enunciarse ya no en la modalidad de la queja estéril tanto al interior de los territorios familiares e institucionales, sino en clave de protesta,[4] es decir de acción y empoderamiento frente a lo que mortifica.

 

3.1.-Rita Vagliati

 

En diferentes medios, nacionales y extranjeros la entonces llamada Rita Pretti, dio su testimonio acerca de los padecimientos y mortificaciones de ella y su familia bajo el régimen concentracionario que aplicó su padre puertas adentro. Da cuenta en sus relatos de dos momentos bien diferenciados en este proceso: el primero  localizable en los años de dictadura, el segundo momento bajo el régimen de impunidad que la democracia les consagró. Da cuenta además de algunas urgencias al decir: soy la hija de un torturador y no puedo más con mi vida. Una vida en el límite del horror sabido y callado, también la urgencia de un dispositivo que aloje la diferencia en los padecimientos de un genocidio y no edipice sus implicancias.

Rita trae a la escena terapéutica no al padre sino al represor-genocida y su impunidad.[5] De esta manera resiste a un fenómeno que se ha venido consolidando durante los últimos veinte años: la psicologización de lo social y la consecuente edipización familiarista. Rita al igual que muchos y muchas resisten a aquello de los dispositivos que los y las reduce a las coordenadas del mundo privado, familia nuclear, Complejo de Edipo, Castración, dejando fuera o invisibilizando la complejidad de los atravesamientos: Institucionales, socio-históricos, es decir lo que consideramos la dimensión política de la subjetividad.[6]

Estas urgencias perforan la anatomía de los dispositivos clínicos tradicionales, en tanto no pueden dejar de pensar la subjetividad desde estos binarismos: adentro/afuera, privado/público, subjetivo/objetivo, político/personal. Urgencias sociales que fuerzan a pensar la dimensión política de la subjetividad al interior de los dispositivos terapéuticos. [7]

A partir de este caso se hizo necesario diseñar nuevos dispositivos que permitieran alojar estas problemáticas recuperando la dimensión política de la subjetividad. Inventando nuevos territorios que combinen y tensen, lo privado y lo público, lo  singular y lo grupal-colectivo devolviéndole a la subjetividad sus atravesamientos políticos y a lo político su potencia de herramienta de transformación en su localidad subjetiva. De este modo surge como nueva práctica de resistencia El Puente, grupo político de acción terapéutica en el que se reúnen en un mismo espacio y tiempo familiares de desaparecidos, familiares no cómplices de represores, ex presos políticos y testigos no cómplices.[8]

 

3.2.-Breve resumen de la construcción de El Puente

¿Cómo pensar nuevos territorios que combinen, lo privado y lo público, lo individual y grupal-colectivo devolviéndole a la subjetividad sus atravesamientos políticos y a la política lo que la hace una herramienta vital en su localidad subjetiva?

 

La historia de este colectivo comienza con la dificultad de una persona  que se presenta a la  consulta diciendo: “Soy hija de un torturador y no puedo más con mi vida”

De este modo se da inicio a un encuentro de dos, en un espacio clínico que luego se multiplicará  o se abrirá a un espacio grupal  que combinará lo político y lo terapéutico, familiares de represores y testigos no cómplices, con familiares de desaparecidos. En el devenir de los encuentros surgirá la necesidad de ponerse un nombre: El Puente. El nombre fue propuesto por el hijo de un represor-hoy, todavía impune-. Con el se pretende aludir a los posibles cruces desde la orilla del horror y la cooperación siniestra; a la orilla de los colectivos que sostienen la pluralidad de las memorias, las verdades y las justicias.

 

3.3.- ¿Cómo pensarse?

¿Cómo pensar nuevos territorios que combinen, lo privado y lo público, lo individual y grupal-colectivo devolviéndole a la subjetividad sus atravesamientos políticos y a la política lo que la hace una herramienta vital en su localidad subjetiva?

El Puente se instituye como un colectivo, como grupo de búsqueda y rescate de familiares e hijos/as  de represores y testigos no cómplices de la última dictadura militar. Y dicen: Excluimos a los propios represores y a quienes los reivindican. Al efecto se diseñan modos de funcionamiento que eludan, por un lado de los dispositivos clínicos tradicionales –edipizantes. Al mismo tiempo se intenta  no caer en  modos de agrupamientos político-programáticos convencionales. De este modo se busca  trabajar la problemática específica con “dispositivos político-clínico-grupales”. En este sentido se piensan como “Grupo Político de acción terapéutica”.

3.4.- ¿Qué objetivos los motorizan?

Como parte del diseño de dispositivo, lo que se busca es el encuentro-desencuentro (máquina) entre familiares de desaparecidos/as y familiares de represores/as. Porque afirman incomposibles que motorizan intensidades problemáticas que en otros modos más homogéneos y menos antagónicos no se producen.

Para el grupo el mismo dispositivo hace pasar el antagonismo a primer lugar como convocante –no estructurante-.

Al decir de una de las integrantes:

“…vengo porque soy la ex esposa de un represor y él está suelto…ni siquiera figura en la CONADEP…el libre y yo presa de mi silencio…”

Un familiar de desaparecido que recién empezaba en el grupo comentaba:

“En la reunión que trajiste las empanadas –refiriéndose a la ex mujer de un represor- yo me preguntaba:

-¿Qué estoy haciendo acá comiendo empanadas con la mujer (en su enunciación olvida el “ex”) de un tipo que podría haber torturado y asesinado a mi viejo…?”

Se trata de la  crueldad[9] de un antagonismo histórico, que genera en los encuentros grupales una incomodidad que no se resuelve, ni se pretende.

 

3.5.-Antagonismo y crueldad…

Si la heterogeneidad en la composición de los grupos es una decisión de dispositivo para muchos grupalistas, ¿Cómo trabajar la heterogeneidad cuando esta se hace antagonismo?

 

A diferencia de la conformación de grupos en los que la heterogeneidad es generadora de tensiones y modos singulares de resolución; en el encuentro antagónico, la tensión troca por crueldad. La crueldad, al decir de Antonin Artaud, no tiene que ver con uso accesorio por el gusto sádico de ver sufrir a otro.

En las Cartas sobre la crueldad[10], Artaud enuncia “… Desde el punto de vista del espíritu, crueldad significa rigor, aplicación y decisión implacable, determinación irreversible, absoluta…”

Antagonismo no entendemos como polos de un imán que generaría adherencias y fijaciones. No como lados opuestos bueno/malo, blanco/negro, victima/ victimario… sino pensado  como polaridades idénticas donde  las intensidades de sufrimiento son  semejantes; pero opuestas, -e incomparables- ya que provienen de lados diferentes del terrorismo de estado.

Del mismo modo que dos imanes antagónicos de igual polaridad se repelen, en este grupo el antagonismo genera rechazos y repulsiones que motorizan la crueldad y la resolución de lo siniestro a lo patético. El antagonismo funciona aquí como un motor de la crueldad y condición de posibilidad para la transformación.

¿De qué transformaciones hablamos? En primer lugar de aquella  que implican nuestras propias cegueras respecto a lo siniestro, lo microfascista en cada quién, las desmentidas y denegaciones de las que creemos, nadie está exento. Patetizarlas es un camino posible hacia ese reconocimiento de la integridad de la experiencia humana.

La segunda es el abandono de la venganza  individual, ella es siempre una de las posibilidades a las que prestar el cuerpo, abriendo cauce a aquello siniestro que nos habita, como parte lo humano. El  conocer la mera posibilidad de operar desde esa lógica y gestionar esas prácticas, hace pensar en la construcción de mundos replicados pero invertidos, eterno retorno de la voluntad de resentimiento.

Se trata de decisiones éticas y cotidianas prestar el cuerpo para inventar otros mundos, otros modos de hacer justicia, verdad y memoria. De esta manera hacemos foco en lo ético de los medios y no en los fines. Se trata de modos inaugurales de hacer justicia.

 

Que sean sus propios hijos y familiares quienes los repudien y hasta se destierren de la identidad paterna[11], nos ilusiona con la imagen de la aparición. El repudio de  un hijo/a de represor por  el accionar de su padre en el genocidio pensado  como un nuevo modo de aparición de la verdad, un nuevo modo de aparición de justicia, y de memoria.

4.-A modo de conclusión

 

Aquello que  en otro momento histórico fue impensable, hoy opera como condición de posibilidad para pensar nuevos modos de hacer justicia, de aproximarse a la verdad –en toda su complejidad-. Se trata de modos inaugurales, en este sentido pensamos nuestra práctica como instituyente[12] y sujeta a reflexión colectiva.

 

Aquello que el  Estado radical/menemista pretendió sepultar en el olvido merced a la impunidad, este nuevo modo de trabajo- que apenas esbozamos –intenta activamente, recuperar la memoria colectiva- esta vez en boca de familiares de represores.

En este trabajo nos hemos referido solo a   algunos modos de resistencia a las prácticas sociales genocidas. Hemos visto como sectores de la población que resistieron al genocidio y a la producción de impunidad y olvido organizándose en organismos de DDHH y alrededor del juicio y castigo.

Hemos visto también como hijas e hijos de represores  resisten a ser colocados del lado de sus padres genocidas, instalando situaciones de justicia que exceden el ordenamiento jurídico, habilitando nuevos modos del escrache y el repudio. Destierros de los linajes del horror.

 

Mostramos modos de resistencia  a un particular modo de maniqueísmo que divide el mundo en ángeles y demonios, desalojando claroscuros y que al mismo tiempo impidió durante muchos años pensar la mortificación que sufrían algunos familiares de genocidas. Su inclusión en modos de ciudadanía responsable los coloca hoy en lugares de resistencia posible, desalojándolos del lugar de parias.

 

Con la construcción del colectivo que llamamos El Puente, se instala un modo particular de resistir a los dispositivos homogeneizantes: con esto queremos decir que nuestro modo de trabajo no tiene la intención de reunir padecimientos considerados idénticos o similares. Tratamos de instituir un nuevo territorio en las grietas de la heterogeneidad, el antagonismo y lo incomposible. De este modo rompemos con la binarización que instituye categorías cerradas de por un lado las víctimas y por el otro los victimarios; dejando así instalado otro modo de pensar los efectos de un genocidio,  las responsabilidades y cooperaciones.

-Subjetividades que se resisten a ser circunscriptas a  coordenadas edípicas.

Bibliografía:

 

1-      Artaud, A  El teatro y su doble. 1er Edición. Ed. Sudamericana,  2005.

2- Castoriadis, C.: Los dominios del Hombre. Encrucijadas del laberinto,    Barcelona, Gedisa, 1988. Cáp. "Lo imaginario: la creación en el dominio socio-histórico.

3-     Deleuze, G y Guattari, F “El Antiedipo. Capitalismo y Esquizofrenia. Ed.Paidós. 1985.

4-     Diario Pagina 12 .Día  9, 11 y 14  de Agosto de 2005.

5-     Fernandez, A y colaboradores. “Política y Subjetividad”.Ed. Tinta Limón, 2006.

6-     Lourau, R.En El análisis institucional. Bs. As. Amorrortu, 1991.

7-     Montilla Galeano, E. “Re (b) elar  recuperar, restituir” .trabajo presentado en 5to. Congreso: Asoc. Madres de Plaza de Mayo..

 

Ana M. Fernández: “De lo imaginario social a lo imaginario grupal” en Tiempo histórico y campo grupal. Masas, grupos e instituciones, Nueva Visión, Buenos Aires, 1993

 

Enrique Mari, “El poder y el imaginario social” Revista La Ciudad Futura Nº 11, Buenos Aires, 1988, p. 15 y siguientes.

 

Cascallana Lorena; Montilla Galeano, Emilio: Ponencias a ser presentadas en el Tercer encuentro Internacional sobre prácticas sociales  genocidas, a realizarse el mes de noviembre en Buenos Aires. Encuentro organizado por la Universidad de Tres de Febrero, Argentina.

 

Calveiro, Pilar, Poder y desaparición. Los campos de concentración en Argentina; 1° ed. 3° reimpresión. Buenos Aires: Colihue 2006

Cornelius Castoriadis, La institución imaginaria de la sociedad, Vol. 1, Tusquets, Barcelona, 1983

 

 


[1] Nota, diciembre 2010: Hoy aportaría sobre el punto, que lo que llamo tanatopolítica, además de lo descripto, incorpora el elemento subjetivo individual/singular, en tanto que micropolítica. Por ello al siguiente texto sugiero leerlo así:” Llamamos tanatopolítica a la decisión del estado, sus instituciones y sectores de la población –en expresión-producción-individual- de aniquilar, exterminar y  desaparecer la disidencia política en vez de incorporarla al juego social de regulación de las diferencias.”

[2] Ver artículo de Mempo Giardinelli

[3] Política y Subjetividad

[4] Ver Cultura de la Mortificación.

[5] “Soy hija de un represor, no puedo más con mi vida…él está libre y yo presa de mi silencio”. Podemos ilustrar de este modo la aparición de algunos decires de familiares de represores en las consultas psicológicas luego del 2001.

[6] Politica y Subjetividad.

[7] Para ampliar ver Diario Página 12 del 8/11 y 14 de agosto de 2005.

 

[8] Con testigos no cómplices nos referimos a personas del colectivo social que en su existencia no reproducen la lógica genocida y su impunidad.

[9] Tal como lo piensa Artaud:

[10] Artaud, A  El teatro y su doble. Cartas sobre la crueldad .Pag 112.113.  1edición, sudamericana, 2005.

[11] Ver caso de Ana Rita Pretti-Vagliati.

[12]Castoriadis, C.: Los dominios del Hombre. Encrucijadas del laberinto, Barcelona, Gedisa, 1988. Cap. "Lo imaginario: la creación en el dominio socio-histórico".

*Presentado en: SEGUNDO ENCUENTRO INTERNACIONAL ANÁLISIS DE LAS PRÁCTICAS SOCIALES GENOCIDAS. Buenos Aires, 20 al 22 de noviembre de 2007

Ultima modificacion el Jueves, 23 de Diciembre de 2010 14:01
Santiago Emilio Montilla Galeano

Santiago Emilio Montilla Galeano

Lic. en Psicología

Universidad de Buenos Aires. Docente UBA

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