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Lunes, 23 de Mayo de 2011 12:48

Poesías

por  Irma Sambán mail:irmasban@ciudad.com.ar
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El viento parece que juega con los cascabeles de los árboles, hay rojos manzana, amarillos pera y morados ciruela. Se ha iniciado una danza en la hierba: hacia un lado, luego hacia el otro, un estremecimiento. Las mariposas arman una ronda sobre el maizal mientras los pájaros le arrojan sus notas para verlas bailar.

El suelo, con sus labios entreabiertos, espera el beso de la lluvia que tarda en llegar, las papas se deforman monstruosamente debajo de la tierra, sedientas la beberán.

Fresno Emilio

Hay lágrimas que nunca caen al suelo, una libélula pasa y las bebe, así de repente. Hay músicas que provocan cosquillas en los ojos, los humedecen y al derramar se esparcen como los pétalos de la rosa al sacudirla. Son momentos, en que nos regalan caricias del pasado, algunas suaves, otras rasguñan. Por eso, quizás, cuando nacían las violetas mi madre sollozaba, detenía todos los relojes para encender el de la música. Una grieta del pasado, en la que cayeron las palabras no dichas, los gestos no actuados, las miradas ciegas.

El conjuro de los aromas nacidos en sudorosas cocinas, donde se mezclan hierbas, almizcle, jengibre. Picantes, afrodisíacos sabores, manos hechiceras se hunden en el corazón de una fruta carnosa y juegan a hacer burbujas con el chocolate. Los sentidos se despiertan, los colores llaman al placer. Mientras, allí, en medio del plato, el pez parece una novia con su velo desplegado.

El viejo olmo hablaba con el viento, el molino al girar sus aspas hacía sonar sus huesos, el cielo azul permitía que lo mancharan atrevidos nubarrones negros. Las vacas trituraban la hierba pero después se quedaban inmóviles y un poco tristes como presintiendo el silencio que precede a la tormenta. Los pájaros, en vuelos acompasados, entretejían círculos en el aire. Las gotas escribían puntos en la tierra cambiando su color, el olor a lluvia chapoteaba en el lugar.

 

 

Por la brisa flotaba algún ratón confitado antiguamente, un higo, un alma.  Vides interminables, laberintos secretos, refugio de juegos de verano. Olor a pan horneado acariciando las flores del jardín, los goznes de una hamaca quebraban el silencio con su melodía. Mientras, una iguana displicente tomaba sol en la alberca sin dedicarle atención a los pájaros que vanidosos danzaban en vuelos rasantes y bebían del agua cristalina.

 

 

Existe un hermosísimo idioma cuyas palabras parecen casitas hechas con hongos. Las hadas son sus dueñas absolutas. Les hablan a los niños cambiando lágrimas por sonrisas. Juegan a la ronda, adornan con guirnaldas de flores sus cabezas, los trasladan al país de la fantasía, de la imaginación, del nunca jamás, donde los niños perdidos juegan a bajar estrellas con las manos.

Ultima modificacion el Lunes, 23 de Mayo de 2011 12:57
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