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Miércoles, 15 de Junio de 2011 08:13

La papa

por  Santiago Emilio Montilla Galeano
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La papa[1]

La papa es un rizoma y el rizoma es una categoría botánica, un concepto entre muchos, para clasificar vegetales.  El rizoma es un tipo  de tallo subterráneo y en el caso de la papa, este tallo se engrosa para acumular nutrientes. Si bien siempre estuvo relacionada con lo vital, la abundancia calórica, y el disfrute gastronómico, tuvo que aparecer el fervor disciplinario de la biología taxonómica y clasificatoria para considerarla un tubérculo, es decir, un tumor. La forma abultada, redondeada e irregular que la papa posee, se presta para ser comparada con las malformaciones de los tejidos biológicos, es decir: cáncer-muerte.

En nuestra jornada, los dos modos de tubérculo-tumor-rizoma aparecen, e incluso podría hablarse de proliferaciones diferenciales de estas raíces subterráneas: ni buenas, ni malas, ni vitales, ni mortíferas, ni santas, ni heréticas, ni beatas, ni alborotadas. Todas esas formas y esas funciones aparecieron en las 15 escenas y en las 14 silenciadas. Andan por ahí: intensidades de la vida y de la muerte, del engaño y la decepción, de la desilusión y el amor valiente, de los problemas y las cosas.

Un novio con fecha de casamiento, que se encuentra en el mar con una mujer palpitante, enriquecida por su amor …y unas papas para pelar. La escena es romántica, la papa no. La mujer se abalanza a ese hombre con una confesión proliferante y la papa sobra. Es arrojada por la mujer y en el soliloquio, la papa dice que se siente descartada. A partir de allí proliferan las dos: la mujer en clave identitaria –siempre es esa mujer- y la papa descartada muta a todo lo que puede mutar y sobre todo se pone a proliferar.

 

No sé si ustedes saben que al ser la papa un tallo, posee en su superficie lo que  vulgarmente se da en llamar “ojos”, que no son otra cosa que yemas de crecimiento. Si trozamos la papa en tantos pedacitos como yemas, nos encontramos con tantas plantitas como partecitas. Al mismo tiempo cada planta es idéntica en su ADN a cualquier otra extraída del mismo tubérculo, es decir, son clones, copias, réplicas. Sin embargo, nadie en su sano juicio puede afirmar que cada una de esas plantas sembradas y creciendo, son idénticas entre sí. Todas ellas son parte de un todo, pero ninguna de ellas se deja reducir a la totalidad al mismo  tiempo que la afirman (cada una de ellas será una planta-todo); así el todo y la parte se conectan de modo singular en un acontecimiento: la proliferación, la multiplicidad.

Nuestra escena UNO, es una papa, es fácil, una escena de casi todos los días, una escena de amor. Amor proliferante que nos conecta en un todo sin borrarnos, esa locura estrafalaria de lo que llamamos amor ¿a quién se le ocurre meternos en semejantes problemas? ¿Para qué?

Sin embargo es una escena básica, como la papa en nuestra alimentación. Es una escena que tiene casi nada y tiene todo: un prometido, una prometida ausente, el mar, una mujer enamorada, dos amigas y claro…papas. Están pero en descarte: la papa, la prometida, las amigas de la prometida, su terapeuta, sus terapeutas, el psicoanálisis, sus rupturas. Y si no hubiera sido por la papa (Natalia) descartada, el taller habría caído en la consistencia fija de una novela lacrimosa. La pequeña papa proliferante vuela de las manos de la protagonista y como las esporas de un hongo o las yemas de su “naturaleza papa”, comienza a mutar en todo lo mutable: en la prometida con fecha de casamiento, en la madre, en la amiga confidente, en lxs terapeutas mutantes. La pequeña papita voladora y rizomática, reaparece y vitaliza todo el espacio incandescente; vuelve importante lo insignificante, acaricia lo áspero, abre las clausuras, hace toda una serie de cosas que puede hacer lo vivo.

¿Y si la pequeña y humilde papita americana no hubiera existido? ¿Qué hubiera pasado?

Europa hubiera tenido muchas más hambrunas y la multiplicación se nos hubiera puesto tumoral, bloqueada, tuberculosa, metonímica en grado muerto.

Es que las papas como las personas, si no proliferamos alegremente, lo hacemos de todos modos pero en clave de tristeza, de pérdida de potencia, de existencia para la muerte. El cáncer prolifera como papa cuando la vida se muere en la espera y el estasis. Mejor huir hacia la vida, correr hacia el mar, amar hacia la incertidumbre…jugar.

¡¡Bien por “la 2”!!

 

Emilio

 

30 de abril de 2011

 

 

 

 


[1] Hace referencia a una esquicia de la escena nº1 con que se abrió el taller de multiplicación dramática en la Facultad de Psicología UBA, abril de 2011.

Ultima modificacion el Miércoles, 15 de Junio de 2011 09:02
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