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Santiago Emilio Montilla Galeano

Santiago Emilio Montilla Galeano

Lic. en Psicología

Universidad de Buenos Aires. Docente UBA

153-089-2436

emilio@pasajeesquizo.com.ar

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Martes, 18 de Febrero de 2014 17:03

Hijos de represores: 30 mil quilombos

¿Cómo nombrar a los hijos de militares argentinos que cometieron violaciones a los derechos humanos durante los años 70? ¿Cómo heredaron las atrocidades que cometieron sus padres? En las entrevistas, las respuestas son distintas pero hay algo que se repite: casi nadie quiere hablar, el tema sigue siendo un tabú. ¿Es válida la categoría de víctima? El doctor en antropología de la UNSAM Máximo Badaró y el escritor Félix Bruzzone lo discuten en esta nota Anfibia.

Por: Máximo Badaró / Félix Bruzzone
Ilustraciones: Facundo Teyo

I

Cada tanto, en la casa de Daniela el teléfono suena y alguien dice:
— Tu papá es un hijo de puta.
Y corta.
A veces atiende ella.
Otras, su hija de trece años.
El mensaje siempre es el mismo.

II

El problema empieza con algunas preguntas.
¿Cómo nombrar a los hijos de los militares argentinos que cometieron violaciones a los derechos humanos durante los años 70? ¿Cómo heredan esos hijos las atrocidades que cometieron sus padres? Para algunos de los psicólogos que tratan casos así, estas preguntas son el punto de partida.
Pablo Campos nos recibe en su consultorio de Villa Urquiza, un cuarto pequeño con biblioteca de caña. Acerca algunas sillas y nos hace sentar en ronda. Es flaco y movedizo, aunque escucha y reflexiona atento ante cada pregunta que le hacemos.
Considera que la pregunta que traemos es, ante todo, política. Hace tiempo que trabaja con hijos de militares involucrados en la dictadura. Se presenta como psicólogo orientado al esquizoanálisis, una teoría contrapuesta al psicoanálisis, inspirada en la obra de Gilles Deleuze y Felix Guattari. Trabaja sobre la transformación de la subjetividad, los deseos y las prácticas individuales mediante su integración en procesos colectivos.
Algunos años atrás formó un grupo de discusión en el que parientes de militares interactuaban con parientes de desaparecidos, ex integrantes de organizaciones armadas y ex presos políticos de la dictadura. La experiencia duró poco más de dos años.
Este grupo no buscaba “reconciliación”. Su objetivo era contribuir, desde la práctica psicológica colectiva, a la causa de memoria, verdad y justicia.
Pablo tiene una posición tajante sobre la actitud de los hijos de los militares que estuvieron involucrados en la dictadura: si no condenan a sus padres y se distancian de ellos, se vuelven cómplices de sus crímenes. Para él, el camino de estos pacientes debería ser impugnar el vínculo familiar y explorar en el pasado de sus padres para obtener datos que aporten a causas judiciales y permitan esclarecer, por ejemplo, el destino de los desaparecidos. Pablo dice que de esta forma se recompone la subjetividad, el deseo, la historia personal.
—Las prácticas psicoanalíticas que se basan en el eje “papa-mamá-hijo son pura paja” —dice.
El grupo se disolvió en 2006, por los conflictos internos que generaron la radicalización de algunos de sus miembros y los temores que despertó la desaparición de Julio López. Pablo entonces se mudó a un pueblo de la costa del Río de la Plata, donde sigue con sus trabajos sociales y, en sus ratos libres, pesca pejerreyes. Sólo algunos días viene a su consultorio de Capital.
Otra forma de percibir a los hijos de militares represores, opuesta a la de “cómplice”, es la de “víctima”.
Y es esa condición de víctima la que María José Ferré y Ferré y Héctor Bravo, dos psicólogos que durante muchos años trabajaron en una obra social de las fuerzas armadas, identifican en muchas de las conductas autodestructivas, ansiedades y adicciones de los hijos de militares que hasta el día de hoy pasan por su consultorio psicoanalítico.
“Aunque no lo sepan, ellos también son víctimas, son las otras víctimas”, dice María José, acentuando la pronunciación de “otras” y evitando que se cuele el paralelismo con los hijos de desaparecidos.
Pero el paralelismo igual se asoma y el estatus ya consagrado de la “víctima” parece ensancharse y confundirse. ¿Los hijos de los represores también son víctimas de la dictadura?

III

En esta crónica no hay ninguna historia que marque el ritmo del relato: muchos hijos de militares tienen dolor y silencio acumulado, pero no una historia colectiva que haya adquirido estado público.
Hay individuos dispersos que llegan al consultorio psicológico con ataques de pánico, fobias, adicciones o problemas de infertilidad, y meses o años después de la terapia se descubren víctimas, cómplices o acusadores de los crímenes, abusos o delitos que sus padres militares cometieron en los años setenta.
Estos hombres y mujeres conectan recuerdos y conflictos familiares con las tragedias de la historia argentina. Y en ese proceso, lo que sus padres infligieron a miles de personas en nombre de la patria se vincula con lo que produjeron también en sus casas.
Cuando esas conexiones se producen, el hogar se vuelve campo de concentración, y el jardín de la casa de la infancia, monte tucumano.

IV

En el patio, el padre de Sofía y otro gendarme arreglaban una bomba de agua. Ella escuchó la frase.
—Apretala que vomita.
En los años setenta, su padre había entrenado a los perros que se usaban contra la guerrilla. Frente al psicólogo, la frase vuelve a ser dicha, involuntariamente, cuando Sofía habla de sus problemas de infertilidad.
El psicólogo, atento a los pliegues y ramificaciones de la subjetividad en la historia, la toma y la transforma en otro tipo de bomba, una que poco a poco explota en el cuerpo, las palabras y los vínculos de Sofía. Las explosiones repercuten en lo que familia no dice, develan verdades y transforman para siempre la relación con el hombre que entrenaba perros asesinos y ahora aprieta mangueras para que “vomiten”. Y también la liberan.
El psicólogo luego dirá, también, que lo que le ocurrió a Sofía no es muy frecuente. Ni siquiera en el consultorio. Él estima que son uno de cada diez de estos hijos los que se acercan a una consulta. Y aun así, algunos pocos de ellos consiguen llegar al lugar al que llegó Sofía. Es poco lo que estos hombres y mujeres saben acerca de lo que hicieron sus padres. Y son escasas las posibilidades de las que disponen para conectar esas situaciones, esas palabras y esos silencios con aquella historia trágica.
Y a veces, razonablemente, no hay voluntad de hacer esa conexión. El sufrimiento propio se niega, se invisibiliza o se transmuta en argumentos que justifican las acciones de sus padres. Porque muchos de estos hijos creen que todas esas atrocidades son cosas del pasado. Y que la vida debe continuar.



V

Las dificultades para encontrar a personas que quieran conversar sobre el tema se repiten. La gran mayoría de aquellos con los que entablamos algún contacto, además de pedir anonimato, no responden mensajes o faltan a las citas. Así, encontramos al hijo de un represor de La Plata que ya en una oportunidad hizo público su caso. Empezamos a intercambiar mails. Al principio, parecían fructíferos, pero pasaba el tiempo y todo se diluía, como si el hombre se hubiera arrepentido. Más tarde, explicaría por qué: en aquella nota en la que contó su historia, no respetaron el anonimato. Publicaron el nombre real de su padre.

VI

—Se hacen los boludos, sus papás eran unos monstruos pero mis compañeros se hacían y se siguen haciendo los boludos —dice Daniela mientras enumera a sus compañeros de secundaria, la mayoría hijos de militares quienes, según ella, no relacionan el maltrato que recibieron siendo adolescentes, y sus adicciones y frustraciones personales de la vida adulta, con el rol que jugaron sus padres en la represión.
Daniela tiene alrededor de 50 años. Es hija de un ex represor. Elige una mesa ubicada al costado de la puerta trasera de este café, cercano a una estación de tren. Cada vez que entra alguien y deja que pase el frío de la calle, Daniela mira hacia la puerta, levanta los hombros y se desarremanga el pulóver. Cuando la puerta se cierra, se lo vuelve a arremangar.
Al principio habla con cierta timidez. Luego, cuando llevamos ya casi una hora de charla, confiesa.
—Hasta último momento dudé si venir. No sé, es la paranoia, a veces una duda de con quién se va a encontrar, y yo misma tengo altibajos. A veces no me dan ganas de recordar esta historia.
El café está lleno de gente y de ruidos. Entre los pocillos que se chocan y el soplido de la máquina de café, Daniela relata la tragedia familiar. Los recuerdos parecen dejarla sin aire. Habla pausado, regulando la respiración. Algunas veces cuenta algo, mira hacia la calle y se pierde. Otras veces repite:
—Mi viejo me cagó la vida.
Es nieta de europeos que llegaron a la Argentina después de la primera guerra mundial. Según cuenta ella, cuando su padre tiene que justificar lo que hizo durante la dictadura apela a la idea de haberlo hecho para asegurar el porvenir de su familia. Antes del 76, estaba por retirarse: ciertas presiones que ella desconoce lo hicieron seguir.
—Todo era muy loco. Papá pegándole a mamá, pegándome a mí, a mis hermanos, y después, haciendo que nos agacháramos adentro del auto, por las dudas que nos fuera a atacar la guerrilla. Para los que vivíamos en un barrio militar como el nuestro, esas cosas eran de todos los días.
Mira hacia la puerta, levanta los hombros, se arremanga el pulóver.
—Y en medio de todo eso, el cuidado extremo: me mandaron a Brasil, a lo de mi tía, y me quedé allá casi hasta el final de la dictadura.
Aquel viaje también tuvo la ambivalencia típica de los actos de su padre. La resguardaba de la “guerra”, pero también la segregaba de la familia por considerarla “la oveja negra”. Sus dos hermanos se supieron adaptar mejor a las circunstancias: el que se hizo rico en Europa y casi perdió relación con todos ellos, no se cuestiona las turbulencias de esos años de padecimiento. El otro formó una familia y admira a su padre.
Entre sus amigos de aquella época, con los que últimamente Daniela volvió a contactarse a través de Facebook, y con quienes cada tanto comparte algún asado, las cosas son parecidas. Hay uno, incluso, que no se acuerda de nada. Ni siquiera del grupo de amigos. Va a los asados, e interactúa con los demás, pero es un hombre sin memoria. Y, como sugiere Daniela, está ahí para que todos, de alguna forma, justifiquen que es perfectamente posible vivir sin recordar todo aquello.
Ella, en cambio, recuerda. Todo el tiempo. Tras horas de conversación sabremos que en 1981, a los 19 años, intentó suicidarse. También, que su primer marido, padre de su hija mayor, se suicidó a los 29.
Es psicóloga. Estudió la carrera “para entender algo de toda esta locura”. Sin embargo, ninguno de los psicólogos que la trataron asoció su condición de hija de represor con los traumas que padece. Más bien, le dijeron siempre, las respuestas habría que buscarlas en la muerte temprana de su primer marido, en la temprana orfandad de su hija.
Daniela militó inorgánicamente en distintas agrupaciones de izquierda y, si se tiene que definir políticamente, dice que es “anarquista”.
Se ríe. En su cara, la risa queda como torcida, a medio camino entre una risa plena y un gesto irónico, los ojos entrecerrados. Y cuenta, como en una especie de puesta en abismo de todo lo que viene diciendo, lo que le pasó una de las últimas veces que vio a sus padres.
Acababa de despedirlos en la puerta de su casa. No había sido un encuentro agradable. Nunca lo es. Días después, un vecino que suele ayudarla cuando ella tiene algún problema en la casa, le contó que escuchó lo que dijo su padre antes de subirse al auto.
En la vereda, mirando a su esposa: “A ésta también tendría que haberla hecho matar”.
Daniela cuenta que hace tres años mandó una carta a Madres de Plaza de Mayo: comentó su condición de hija de represor. Dijo que estaba dispuesta a brindar ayuda en lo que estuviera a su alcance. Nunca nadie le respondió.
Ahora, dice que siempre respetó a las Madres. Pero que la ausencia de respuesta a su mensaje fue una decepción. Piensa, dirá luego por mail, que (para ellas) “todo lo que viene de los militares es rechazado, incluso los hijos.”
Al día siguiente de la charla en el café, nos escribe: “Salí del bar y me sentí como perdida, y eso me pasa cuando algo me recuerda el dolor de ese tiempo, como en el aire, así como cuando salía de mi casa, pasaba muy seguido, corriendo con las pocas cosas que había rescatado y sin saber adónde ir. En esa época yo era la peor en todo, tanto maltrato psíquico y físico, tratando de disimular un poco y no me salía,  llevaba un dolor que no podía decir”.
A pesar del dolor, la frustración y el silencio, en ningún momento Daniela nombró la palabra “víctima”.

VII

En los relatos de la dictadura y postdictadura es notable la reticencia a la circulación de estas historias. El discurso sobre los 70 suele licuar a padres e hijos del mal en un mismo caldo. Y nadie parece querer hacerse cargo de los matices que hay, no ya detrás de las vidas de los represores, sino tampoco de las de sus vástagos.
Del año 2008 se puede traer un ejemplo bastante contundente de los problemas de poner estos asuntos en escena. Por entonces se estrenaba en Buenos Aires Mi vida después (Lola Arias), obra que cuenta las vidas reales de algunos hijos de los 70, y donde los actores y actrices son los propios protagonistas de esas vidas. Una de las protagonistas es Vanina Falco, hija del ex oficial de inteligencia de la policía federal Luis Falco, apropiador del ahora legislador porteño Juan Cabandié. Ella, que es una de las hijas de represores que logró separarse del campo de concentración a escala íntima que se vivía en su hogar y llegó a testimoniar en contra de su padre, y a poner su propia experiencia en escena cada vez que se representa Mi vida después, recuerda cómo en las primeras funciones se acercaba gente anónima a cuestionar su participación. No era un cuestionamiento por cuestiones “artísticas”, o de “fondo” (ella misma se ocupa, en la obra, de marcar algunas de las instancias del proceso judicial que condenó a su padre, y del cual ella formó parte activamente), sino de “figura”. El solo hecho de que hubiera una “hija de represor” arriba del escenario, para algunos, resultaba controvertido.
Vanina, entretanto, reconoce las dificultades que pueden tener los hijos que no encuentran un rumbo. Y, a falta de colectivos de contención, es ella misma quien a veces se convierte en punto de referencia para otros.
—Algunos se me acercan” —dice—. Pero cada uno tiene que hacer su camino. Porque es gente que está bastante tocada. Si sacan esto afuera es porque encontraron algo bastante tremendo, y no es fácil hacer algo con eso. Todos tenemos nuestro grado de locura, pero algunos están mucho peor y realmente no pueden salir.

VIII

Hay hijos de represores que no hablan porque no pueden, no quieren, no les importa, o no saben qué hicieron sus padres.
Otros hijos de militares de los 70, en cambio, están dispuestos a hablar, y quieren intervenir públicamente. No se reconocen como hijos de represores, ni como víctimas, ni como cómplices. No tuvieron en sus casas campos de concentración en escala íntima y, en general, nacieron en democracia. Miran el presente, y lo cuestionan. Sus padres han sido acusados y condenados por delitos de lesa humanidad en los juicios de los últimos años. Ellos se movilizan, desde entonces, para criticar las falencias jurídicas y las motivaciones políticas de estos juicios.
El 7 de Octubre de 2013, en la marcha frente a los Tribunales de la Ciudad de Buenos Aires, este colectivo autodenomionado “Hijos y nietos de presos políticos” (presos políticos que vendrían a ser –la aclaración nunca dejaría de ser necesaria- sus propios padres y abuelos, muchos de ellos ex represores) se reúnen unas quinientas personas. Una primera línea, frente al atril por el que pasan los oradores del día, muestra señoras y señores, no muy jóvenes, pero enfáticos en sus gestos. Hay banderas argentinas y carteles hechos a mano. Uno de ellos, pequeño y artesanal, reza “¡NO! JUSTICIA TUERTA”.
Hay gente que vino desde lejos. Uno de los oradores, tucumano, cuenta las características de la lucha que llevan adelante en su provincia. Habla del rumor de los bombos como mantra, o liturgia, que mina la conciencia de los jueces que se preparan para juzgar (mal) a “los malos de los 70”.
Antes del acto contactaron a periodistas, pegaron afiches y grafitearon la ciudad. Bombos por ahora no suenan, aunque sí lo harán después, cuando el grupo invada las escalinatas de los tribunales y desate sus cánticos futboleros.
Los cuestionamientos básicos de “Hijos…” a la forma en que se están desarrollando los juicios contra ex represores apuntan a que los mismos, usualmente, pasan por alto las garantías constitucionales y, en muchos casos, a que los delitos que se juzgan muchas veces no son tales, o no están correctamente probados; y si lo son, si bien pueden enmarcarse dentro de alguna zona del accionar represivo estatal de la última dictadura, no deberían ser todos considerados como delitos de lesa humanidad, y por lo tanto considerarse prescriptos.

 

IX

Aníbal Guevara y Lorena Moore tienen menos de 35 años y forman parte de la mesa chica de “Hijos y nietos de presos políticos”. El padre de él cumple prisión perpetua en Marcos Paz. El de ella, en pocas semanas conocerá su sentencia. Apenas llega a este café en la esquina de Libertador y Coronel díaz, Aníbal ironiza sobre la esquina que se eligió para la reunión. Libertador y Coronel Díaz. Militares y oligarquía. “Este lugar no ayuda para cambiar el estereotipo sobre nosotros, pero más tarde justo tenemos una reunión acá cerca”.
Aníbal es músico. Nos cuenta que en su primera juventud solía llevar la remera del Che Guevara. Su padre no le decía nada, o zanjaba el asunto con el consabido “guarda que ese mató a mucha gente”. Su padre, por lo que él cuenta, sólo detuvo en sus respectivos domicilios, con actas correspondientes y a la luz del día, a cuatro personas que luego desaparecieron. Fue el único miembro de su unidad militar que se acercó a declarar en los juicios a las juntas en los años 80 y todos estiman que fue por esta participación como testigo que luego quedaría como imputado cuando a partir de 2003 se reiniciaron y ampliaron los juicios.
Aníbal cree que gente como su padre ni siquiera debería ser juzgada. Y al referirse a los juicios en su totalidad, estima que en casi todos los casos, aún en los que acusan a los monstruos máximos, hay errores procesales y presiones políticas que violan derechos y garantías constitucionales.
No reivindican el accionar de las fuerzas represivas ni sostienen la teoría de los dos demonios. Cuando formaron “Hijos…” querían diferenciarse de agrupaciones que cuando critican a los juicios contra los militares terminan haciendo una defensa de la dictadura, como la agrupación “Memoria Completa”, las apariciones públicas de Cecilia Pando o la revista “B1: Vitamina para la memoria de la guerra en los 70”.
Lorena es abogada. Desde el comienzo de la charla nos dice que nunca pensó que ella iba a tener que usar su pasión por el derecho penal para el seguimiento de una causa contra su padre por violaciones a los derechos humanos. Para ella los juicios contra militares eran algo que sólo aparecía en los diarios y en la televisión, algo relacionado con gente que había cometido crímenes. Pero no era algo que tuviera que ver con su familia. Por eso insiste en mencionar lo extraño que le resulta tener que ir a un penal a visitar a su padre y, por ejemplo, compartir la sala de visitas con represores emblemáticos del dictadura militar como el Tigre Acosta, Miguel Etchecolaz o el propio Rafael Videla y sus familiares. “Imaginate, yo nunca pensé que algo así me podía pasar a mí”- dice.
En la marcha del 8 de octubre frente a los tribunales de la Ciudad de Buenos Aires, Lorena recibe un llamado de la nieta del ex presidente de facto Bignone. “No pude ir, pero quiero que sepan que los apoyo”, les dice. Lorena la escucha durante media hora mientras piensa: “Todo bien, ¡pero tu abuelo fue presidente!”.
Aníbal refiere un caso similar, aunque más módico, que constata los matices en los que navega “Hijos…”: Una de las oradoras de la marcha frente a Tribunales es una mujer cuyo padre, también enjuiciado y condenado recientemente, era Teniente Coronel en los años 70. Se desempeñaba en una unidad militar cercana a Bahía Blanca que no participaba directamente en la represión, pero que estaba muy próxima a zonas operativas en las que se produjeron atrocidades de todo tipo contra miles de personas. “Con ella está todo bien –dirá Guevara-, pero también tenemos muchas discusiones porque, bueno, su viejo no era Teniente primero, como el mío, o Capitán, como el de Lorena,… ¡era Teniente Coronel!”. En muchas oportunidades Aníbal y Lorena llaman la atención sobre el hecho de que en la dictadura sus padres no ocupaban grados militares importantes ni tenían poder de decisión. Sólo obedecían órdenes.
Aníbal y Lorena dicen que su militancia surge de la necesidad de “hacerle el aguante” a sus padres inocentes (“pero no a los monstruos”- aclaran) y de buscar que los juicios sean ecuánimes.
Le preguntamos qué pasa si un familiar de un represor cuya culpabilidad en violaciones a los derechos humanos ha sido ampliamente probada judicialmente, se acerca a este grupo. Lorena piensa moviendo la cabeza y dice: “en realidad, los hijos de los que más tuvieron que ver ni se acercan, porque saben que son un quemo”. Aníbal aclarará, en un mail posterior a nuestro encuentro, que ellos no defienden personas, sino derechos.
Aníbal y Lorena saben que su militancia está repleta de ambivalencias. Saben que el riesgo de que sus actividades deriven en una defensa de los represores es grande. Y algunas veces, ellos mismos hacen poco para evitar esos riesgos, como cuando comparten actos con los grupos de los cuales buscan diferenciarse.
Otras veces, como el día de nuestra charla en ese café con reminiscencias aristocráticas, Aníbal y Lorena son explícitos en sus intentos de despejar cualquier sospecha de reivindicación de represores. Aníbal dice que si hubiese habido pruebas contundentes y un juicio justo que demostrase la culpabilidad de su padre, él no se opondría a la condena, la aceptaría. Redoblando la apuesta y criticando la irresponsabilidad de los altos mandos de la dictadura, Aníbal incluso dirá que “Videla es el responsable de que ahora mi viejo esté en cana”.

VIII

Una paciente llega tarde al consultorio de María José Ferré y Ferré. María José comenta que es muy habitual que los hijos de militares con los que trabaja no sean puntuales, o suspendan la sesión sobre la hora. Esta vez, la paciente llega bastante alterada, nerviosa, eléctrica. La excusa por la demora es “perdón, hoy estoy con 30.000 quilombos”.
Hasta 2007, hay confirmados alrededor de 15.000 desaparecidos víctimas de la represión ilegal de los años 70 en Argentina. Sin embargo, desde principios de los 80, el número emblemático que se lleva como bandera para reclamar por todos ellos es ese otro: 30.000.
La paciente no toma conciencia de la relación entre sus muchos “quilombos” y el número que usó para hiperbolizarlos hasta que María José, ya en la sesión, se lo plantea.
Los “30.000 quilombos” de la paciente que se atiende con María José resuenan entonces como producto, no sólo de una historia familiar complicada sino como resultado de todas las capas de discurso que hay alrededor de aquellos años. Son, también, los “30.000 quilombos” con los que tienen que lidiar personas como Aníbal y Lorena cada vez que visitan a sus padres en prisión, y cada vez que salen a la calle para llevar adelante la misión de utilizar la denominación “presos políticos” para designar a militares acusados de atrocidades cometidas en los años 70.
Quizá sean, también, muchos otros “quilombos” que están funcionando alrededor sin que los percibamos como tales (aunque sus efectos sean muy concretos), y con los que nos tropezamos al ensayar esta crónica. El silencio. La paranoia. Las ambivalencias de rehuir del pasado para pensar y actuar sobre el presente (y sobre el futuro) pero a la vez pensarse como “hijos de”. Quizá desatendiendo que en esa sola denominación está en marcha tanto la referencia a un pasado trágico como la reivindicación de un principio de acción política que en la Argentina ha adquirido dimensiones excepcionales: el parentesco sanguíneo como condición casi excluyente para el reclamo colectivo de justicia.
Pero el parentesco, lo sabemos, puede ser muchas cosas. Ni herencia ni destino, ni verdad revelada ni condena. El parentesco también puede ser una pregunta abierta, una proyección de futuro que transforma la historia.

Miércoles, 30 de Octubre de 2013 07:32

El Hogar Municipal "Entretod@s". Pipinas. Punta Indio

Había una vez un pueblo, de poca y buena gente. Pero a ese pueblo le faltaban algunas cosas. La gente lo había llenado de verde, de árboles, plantas, niñ@s, caballos, vacas, perros, y una fábrica vacía. Había también una escuela, un jardín, una iglesia y una salita.

En ese pueblo había una esquina. Era una esquina vacía en la esquina de un pueblo. Tan vacía estaba que sólo había una casa que había sido un quiosco pero ahora no era nada. Estaba vacía y sola.

Una vez en esa esquina con una casa vacía, en la esquina de un pueblo un poco vacío, llegaron un@s niñ@s. Algunas rubias, otros morochos, algunos petisos, otras de pelo corto, otr@s con piojos y algunos mocos. Niñ@s de colores y dolores, niños y niñas que estaban un poco como la esquina, vacíos.

Y entonces pasó algo mágico: en un pueblo un poco vacío, en una esquina vacía con un montón de chic@s un poco vacíos y tristes, apareció un hogar. Primero fue el municipio en las manos del intendente, es decir todos y todas. Luego fue el fuego y el color: el electricista chisporroteando, el plomero con el calefón; luego los pintores que pintaron el sol en las paredes. Luego fue la tierra y vinieron las cuidadoras, l@s coordinador@s, fueron las escuelas, el jardín, los vecinos y las vecinas. Luego fue el aire, las ilusiones de tod@s, los sueños de un mundo bueno para l@s niñ@s.

Este es el Hogar Entretod@s, un montón de colores y formas que hacen a l@s niñ@s libres y un poco más felices. Por eso queremos contarles a todos y todas en este bello pueblo que nos reunió, cuáles  son nuestras ilusiones, derechos y deseos:

-Tenemos un lugar en el mundo, nuestra casa en este cruce de calles, la 6 y 11.

-Es verdad que tuvimos vidas durísimas y muy tristes pero ahora tenemos cuidadoras, cuidados y mimos las 24 hs del día.

-Tenemos buena comida, buen abrigo y sobre todo la paciencia y el buen humor de quienes nos cuidan y acompañan.

-Tenemos ropita limpia, el corazón en tratamiento.

- Tenemos ganas de crecer y de aprender a vivir.

Pero un hogar no es sólo esto, para nosotr@s, un Hogar es además:

-La calle despejada para jugar a la pelota, andar en la bicicleta, salir a patinar. Entonces queremos que nuestr@s vecin@s que tienen auto no doblen rápido, que pasen despacito y si quieren que jueguen con nostr@s.

-Queremos que si nos ven caminando por el pueblo, no anden diciendo que los vamos a robar o que nos vamos a escapar del Hogar, nos duele tanta discriminación. Queremos que se acerquen y nos pregunten si necesitamos algo. Es casi seguro que nos hagamos amig@s!!!

-Sí, es verdad que nuestra vida ha sido dura, somos niñ@s y estamos aprendiendo, si nos tienen un poco de paciencia con la ayuda, el amor y respeto de tod@s ustedes vamos a lograr ser adultos buenos y responsables.

-Sería bueno que se acerquen y nos inviten a jugar, a pasear o simplemente visiten nuestra casa.

¡¡Nos vemos!!

 

Marzo 2013

Viernes, 31 de Diciembre de 2010 19:33

Resonancias de un varón sobre otros modos de parir

Por Santiago Emilio Montilla Galeano
En esta propuesta se parte de la base conceptual que mira los procesos de embarazo, parto y puerperio como  procesos psico-fisiológicos, sexuales-naturales, como momentos vitales que implican crisis, cambios y mutación subjetiva.

 

Viernes, 31 de Diciembre de 2010 19:33

Resonancias de un varón sobre otros modos de parir

Por Santiago Emilio Montilla Galeano
En esta propuesta se parte de la base conceptual que mira los procesos de embarazo, parto y puerperio como  procesos psico-fisiológicos, sexuales-naturales, como momentos vitales que implican crisis, cambios y mutación subjetiva.
Desde el punto de vista de las relaciones de género, sostenemos que los varones y las mujeres estamos conformados social y subjetivamente por significaciones sociales que desvalorizan y subordinan a la mujer respecto del varón. Estas construcciones imaginarias y socio-históricas establecen roles diferenciados para varones y mujeres; de modo tal que lo público y su mundo es asignado al varón que asume como propios los modos racionales de existencia.  Para la mujer, el imaginario dominante le asigna el mundo de lo privado y su lógica afectiva y emocional al mismo tiempo que es subordinada al dominio masculino. Lo público es remunerado y por ello también valorado por la sociedad en su conjunto. Lo privado es carente de remuneración y valoración (invisibilización) o en todo caso es desvalorizado.
Para quienes se lo permiten, el momento del embarazo -y generalizando lo que es en realidad un desigual y combinado proceso- estas lógicas de dos modos de mundo y existencia separados por género, tienden a unirse en la concreción de lxs hijxs. No sólo para concepción, sino que el propio proceso de gestación permite encuentros de pareja en los que la lógica es casi enteramente afectiva, emocional e íntima, es decir, femenina. El embarazo es sexual en todo su proceso, y sobre su final –el parto- lo es en grado sumo, al mismo tiempo que la intimidad.
La experiencia clínica –psicológica y médica- dicta que hay dos momentos en los que esta situación de embarazo descripta, puede virar hacia otras lógicas que contradicen, opacan y desmienten el proceso emocional-efectivo.
Un primer momento es aquel en el que el varón, en vez de afirmar sus vínculos afectivos y emocionales con su mujer y su bebé por venir,  afirma sus lazos con la “comunidad de los hombres” en clave de un machismo ligado a la “potencia” y el dominio territorial. Potencia que debe entenderse como poder, dominio y soberanía sobre la mujer; cuerpo sentido como territorio propio, enclave de un régimen familiar patriarcal y/o machista. Se trata de una lógica de subjetivación mayoritaria que tracciona los cuerpos en el sentido de la desligadura afectiva de la pareja y la ligazón, fidelidad y lealtad a lo racional, por ello al cálculo, a la especulación, a los desvíos, a las trampas, entre otras coartadas.
Hay un segundo momento en el que el varón pierde el rastro de su mujer y su criatura: es aquel en el que deja en manos del sistema médico y de sus propios miedos un proceso afectivo y emocional que el embarazo ha permitido construir entre por lo menos tres: madre, padre y bebé.
Al igual que otros sistemas imaginarios, sean estos disciplinarios, grupales o colectivos, el sistema médico afirma  dominios microfísicos sobre la sociedad. Mediante estos,  dociliza los cuerpos, los amolda a su funcionamiento, establece potestades y soberanías. Se afirma arquitectónica y territorialmente en los hospitales, clínicas y las organizaciones e instituciones que hacen parte de la medicina como disciplina. Se afirma en las enfermedades y las patologías, ya que concibe la vida como un proceso de morbilización hacia la muerte; por ello universaliza los procesos naturales de cambio,  como patológicos. De este modo opera reduciendo la vida, sus mutaciones y cambios a objetos (enfermedades) discernibles, territorios legitimados de intervención médica.
El proceso normal de embarazo, parto y puerperio, se ha convertido en uno de los últimos territorios conquistados por la disciplina médica[1]: el aumento del número de cesáreas innecesarias, las llamadas rutinas médicas como los fórceps, la episiotomía, las anestesias, entre  otros, hablan de una multiplicidad de intervenciones que desposeen a la mujer, su pareja y a las criaturas de momentos de afirmación del lazo afectivo-emocional. Es el varón quien realiza esta “entrega final” a las manos médicas; cuestiones como: su escasa información, su propio miedo a los procesos naturales corporales, el miedo y desconocimiento de su pareja, la urgencia aparente del parto, los miedos de su mujer (naturales, esperables), las ansiedades lógicas de ambos, hacen que el varón opere como aquel que acostumbrado a decidir, a razonar, finalmente lo haga en la clave del miedo a  la incertidumbre irracional: entregará a la parturienta a la racionalidad y certidumbre disciplinarias que aparece ofreciendo el sistema médico.
¿Será posible operar sobre los miedos de las parejas a la hora de parir? El sistema médico legitima su intervención en esos miedos y en los propios ¿cómo acompañar –sin intervenir- un proceso normal de embarazo, parto y puerperio? ¿Quién o quienes deciden acerca de esta “normalidad”? ¿Son los médicos y su sistema quienes pueden restar al varón de su dominancia racional? ¿Es posible contar con que l@s obstetras resolverán la abstinencia afectiva de los varones frente al embarazo de sus parejas? ¿Cuál es el rol de las parteras-obstétricas? ¿Pueden ellas –no médicas- acompañar a la pareja gestante? ¿Será en hospitales o en lugares dispuestos para la normalidad del parto y puerperio? Las casas de parto, su personal, su modo de uso, su arquitectura ¿facilitarían y aumentarían los vínculos afectivos de la pareja y de la pareja con las criaturas? ¿Qué sucederá aquí ante la existencia de posibles riesgos?


[1]Patologizar el embarazo y medicalizar el parto, trae aparejadas la intervención de prácticas innecesarias.

 

cemento de árbol

1.-Delimitación del problema. [1]

Esta propuesta de trabajo apunta a modificar la Ley Nacional25.929, llamada de Parto humanizado. Esta norma data del año 2004 y pretende limitar la intervención médica en el proceso del parto normal no patológico. Si bien avanza sobre el poder médico (medicalización/patologización de la vida) deja aún espacios en el que éste puede aún distorsionar, afectar, y dañar los procesos de embarazo, parto y puerperio normales. El vacío legal aparece cuando en el artículo 2, inciso “a” de la presente ley se establece:

Artículo 2º.- Toda mujer, en relación con el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el postparto, tiene los siguientes derechos:  a) A ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar durante esos procesos de manera que pueda optar libremente cuando existieren diferentes alternativas.”[2]

1.- No específica en qué momento las mujeres tienen derecho a ser informadas, con lo cual el poder médico (masculino) dispondrá siempre sobre un vacío de poder, aquello que más le convenga como corporación, como poder-saber. La ley debe ocupar ese vacío y especificar con claridad el período gestacional en el que la mujer debe ser informada.

2.-El vacío central de este artículo es que habla de informar a la mujer embarazada de las intervenciones médicas posibles, deja sin plantear las intervenciones no médicas, es decir no menciona todas aquellas prácticas de rutina de la partería que no tienen connotación médica ya que en su mayoría los partos son de curso normal y no necesitan de intervención médica alguna. El artículo parece avanzar (y avanza) brindando información de prácticas médicas posibles (con los dos vacíos mencionados arriba) de realizar, pero al mismo tiempo no ofrece otros modos de parir, en los que la medicina no tenga intervención, más que de resguardo y co-visión.

3.- Desde nuestro punto de vista deja sin tratamiento otros modos de parir en los que la medicina y el sistema médico sólo tengan un rol de espectadores especializados y en donde la figura central sea la madre y su bebé o en todo caso la madre, su pareja y su bebé. La ley debe proveer de “casas de parto” para quienes -informados de las prácticas médicas y las alternativas no médicas- puedan elegir el modo de parto a llevar.

Respecto del inciso “b”:

“b) A ser tratada con respeto, y de modo individual y personalizado que le garantice la intimidad durante todo el proceso asistencial y tenga en consideración sus pautas culturales.”[3]

En este inciso los vacíos legales son llenados con la presencia se lo existente/dominante, es decir, el sistema médico:

1.- La noción de “intimidad” utilizada en el inciso que vaciada o desfondada para la mujer en tanto que el sistema médico, la recibe, la atiende, la interviene en clínicas y hospitales. La arquitectura, el diseño y la escases de recursos –sobre todo en hospitales públicos-; la presencia de médicos obstetras, parteras, residentes, enfermeras que entran y salen de las salas (no sólo de los quirófanos), pero sobre todo, que no ha visto en su vida, hacen que la noción de intimidad simplemente quede desmentida.

2.-La propuesta del inciso de respetar los derechos culturales, las pautas culturales se vuelven inviables en tanto las clínicas y hospitales no son otra cosa que la vulneración de las diferencias. Su arquitectura y diseño, el sistema médico, su orden científico disciplinario, imponen su orden, cosmovisión y certidumbres, todas ellas médicas.

Deben revisarse y modificarse estos aspectos del inciso en cuestión para dar lugar a la intimidad de las mujeres, para personalizar sus necesidades, para respetar sus pautas culturales

Inciso “h”, establece:

 

cemento de árbol

1.-Delimitación del problema. [1]

Esta propuesta de trabajo apunta a modificar la Ley Nacional25.929, llamada de Parto humanizado. Esta norma data del año 2004 y pretende limitar la intervención médica en el proceso del parto normal no patológico. Si bien avanza sobre el poder médico (medicalización/patologización de la vida) deja aún espacios en el que éste puede aún distorsionar, afectar, y dañar los procesos de embarazo, parto y puerperio normales. El vacío legal aparece cuando en el artículo 2, inciso “a” de la presente ley se establece:

Artículo 2º.- Toda mujer, en relación con el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el postparto, tiene los siguientes derechos:  a) A ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar durante esos procesos de manera que pueda optar libremente cuando existieren diferentes alternativas.”[2]

1.- No específica en qué momento las mujeres tienen derecho a ser informadas, con lo cual el poder médico (masculino) dispondrá siempre sobre un vacío de poder, aquello que más le convenga como corporación, como poder-saber. La ley debe ocupar ese vacío y especificar con claridad el período gestacional en el que la mujer debe ser informada.

2.-El vacío central de este artículo es que habla de informar a la mujer embarazada de las intervenciones médicas posibles, deja sin plantear las intervenciones no médicas, es decir no menciona todas aquellas prácticas de rutina de la partería que no tienen connotación médica ya que en su mayoría los partos son de curso normal y no necesitan de intervención médica alguna. El artículo parece avanzar (y avanza) brindando información de prácticas médicas posibles (con los dos vacíos mencionados arriba) de realizar, pero al mismo tiempo no ofrece otros modos de parir, en los que la medicina no tenga intervención, más que de resguardo y co-visión.

3.- Desde nuestro punto de vista deja sin tratamiento otros modos de parir en los que la medicina y el sistema médico sólo tengan un rol de espectadores especializados y en donde la figura central sea la madre y su bebé o en todo caso la madre, su pareja y su bebé. La ley debe proveer de “casas de parto” para quienes -informados de las prácticas médicas y las alternativas no médicas- puedan elegir el modo de parto a llevar.

Respecto del inciso “b”:

“b) A ser tratada con respeto, y de modo individual y personalizado que le garantice la intimidad durante todo el proceso asistencial y tenga en consideración sus pautas culturales.”[3]

En este inciso los vacíos legales son llenados con la presencia se lo existente/dominante, es decir, el sistema médico:

1.- La noción de “intimidad” utilizada en el inciso que vaciada o desfondada para la mujer en tanto que el sistema médico, la recibe, la atiende, la interviene en clínicas y hospitales. La arquitectura, el diseño y la escases de recursos –sobre todo en hospitales públicos-; la presencia de médicos obstetras, parteras, residentes, enfermeras que entran y salen de las salas (no sólo de los quirófanos), pero sobre todo, que no ha visto en su vida, hacen que la noción de intimidad simplemente quede desmentida.

2.-La propuesta del inciso de respetar los derechos culturales, las pautas culturales se vuelven inviables en tanto las clínicas y hospitales no son otra cosa que la vulneración de las diferencias. Su arquitectura y diseño, el sistema médico, su orden científico disciplinario, imponen su orden, cosmovisión y certidumbres, todas ellas médicas.

Deben revisarse y modificarse estos aspectos del inciso en cuestión para dar lugar a la intimidad de las mujeres, para personalizar sus necesidades, para respetar sus pautas culturales

Inciso “h”, establece:

“h) A tener a su lado a su hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales.”

1.-No se formula la obligatoriedad para el sistema médico, de que las prácticas médicas obligatorias sobre el/la recién nacida como la determinación de grupo y factor Rh, aplicación de vitamina K 1 mg intramuscular, aplicación de vacuna BCG al recién nacido antes del alta[4]y las que establecen las leyes vigentes, se lleve adelante en el lugar y el modo que la mujer y la pareja determinen.
2.-Ámbito de aplicación.

Nos parece que esta ley debe respetar lo establecido por la ley que estamos reformando 25.929 que dice en su Artículo 1:

“La presente ley será de aplicación tanto al ámbito público como privado de la atención de la salud en el territorio de la Nación. Las obras sociales regidas por leyes nacionales y las entidades de medicina prepaga deberán brindar obligatoriamente las prestaciones establecidas en esta ley, las que quedan incorporadas de pleno derecho al Programa Médico Obligatorio.”

3.-Destinatarios. Personas, grupo de personas a las que estará dirigida la norma.

Tal cual lo establece la norma citada, está dirigida y beneficia a las mujeres, sus parejas y sus hijxs.

4.-Síntesis del proyecto de ley.

El proyecto de ley que reforma la ley vigente desde 2004, 25.929 o de Parto humanizado, propone la modificación del artículo 2 incisos “a”, “b” y “h”. Propone además el agregado de un artículo nuevo que ofrezca a las madres y a las parejas “casas de partos” como alternativas a los hospitales y clínicas.

La modificación del inciso “a” del artículo 2 refiere a las lagunas que este deja abiertas y que suponemos el sistema médico, ocupa sin vacilaciones. Al vacío legal señalado respecto de que no está señalado el período en el que la mujer debe ser informada,[5] proponemos que la mujer y su pareja (o quien ella designe) deben ser informados de la prácticas médicas posibles de ser realizadas en el primer trimestre de embarazo y repetidas en el segundo y tercer trimestre. Esta repetición temprana y repetida apunta al modo de la memoria corto plazo del embarazo y parto. Es sabido que por la novedad, la alegría, las expectativas de la llegada de un bebé a la vida, la ansiedad, se produce un modo diferencial y corto de fijación de los recuerdos y sobre todo aquellos que tienen un abordaje racional como se plantea cuando hablamos de “información sobre intervenciones médicas”; por ello debe ser especificado el período y su repetición. Por otro lado deberán proveerse a la mujer y sus acompañantes de material gráfico acerca de las intervenciones posibles con sus nombres técnicos, sus procedimientos gráficamente descriptos; en este material deben estar indicados otros modos de acceso a la misma información: link de páginas webs, videos, películas y otros.

Marcamos en los primeros párrafos otro vacío legal a cubrir: no se informa de intervenciones no médicas, es decir no hay en el sistema médico la posibilidad de mostrar a la mujer otros modos de parir que no sean según los métodos de la medicina, en los lugares que la medicina indica: clínicas, sanatorios y hospitales. Procuraremos llenar este vacío con la fórmula acerca de que el propio sistema médico debe estar obligado a informar (en los períodos descriptos que detallamos arriba) sobre otros modos de parir y acerca de intervenciones no médicas e el embarazo, parto y puerperio.

Respecto del inciso “b” del mismo artículo y en relación al vacío señalado acerca de la noción de “intimidad” y respeto por las “pautas culturales” que sostiene el inciso y que queda claramente desmentida, toda vez que un hospital, sanatorio o clínica no está arquitectónicamente diseñado para proveerla; se establece en nuestra reforma que: “intimidad” y “pautas culturales” será aquello que la mujer y su pareja designen como tal. Definidos los dos modos de existencia, el servicio médico proveerá a la pareja de lo pedido.

La reforma de este inciso deja de todos modos algunos vacíos que no pueden ser tomados en el inciso y sí en el artículo nuevo que proponemos.

Respecto del inciso “h” del artículo 2, decimos que debe establecerse en el inciso que la madre y su bebé sólo serán separados cuando la madre autorice y esté en juego la vida del bebé. No será posible bajo ningún aspecto que el sistema médico realice práctica alguna sin el consentimiento de la madre y su pareja. Si bien es cierto que hay leyes nacionales que imponen a los médicos ciertas prácticas (no todas) invasivas y dolorosas para xl bebé recién nacidx, estas serán llevadas adelante con el consentimiento materno y paterno. Nuestra propuesta por ahora no ofrece reforma de estas leyes, sin embargo avanzamos sobre la modificación del inciso “h” para asentar que la separación de madre y bebé sólo será en casos extremos y que todas las prácticas inevitables serán en presencia de la madre.

“casas de partos” es una propuesta para llenar la laguna existente en la ley y aparecería en la misma con el Nº 3 en el articulado, corriéndose los números de los artículos de la ley original, en secuencia numeral ordenada.

5.-Objeto de la ley.

La reforma que proponemos pretende acercar a las mujeres y las parejas gestantes un modo de llevar a adelante el proceso de embarazo, parto y puerperio normales, es decir: sin intervenciones de otros y otras salvo que ellos designen. Permitirles que todo este recorrido sea autogestionado, del mismo modo que la sexualidad que los unió hasta el momento, que sea íntimo como el sexo que engendró la vida. Permitir modos de parto en los que la pareja sea el centro de las decisiones y las experiencias, sin que ninguna disciplina científica intercepte aquello que ellxs quieren. Permitir a la mujer, al varón, a la pareja de la gestante, un lugar acondicionado por ellxs mismxs para parir y que les sean provistos el personal y los materiales que se precisen para un embarazo, sobre todo un parto y un puerperio normales.

6.-Alcance.

La reforma se propone llegar a todo el territorio nacional. Procura que las “casas de partos” sean accesibles en todas las ciudades y pueblos, que no haya ningún tipo de restricciones para acceder a las mismas y que el único requisito sea el de una mujer embarazada que lo solicite.

Al tratarse de un lugar despojado de tecnología médica, sin personal fijo, sin otro gasto que su mantenimiento básico, se conseguirá disminuir los costos para el sistema de salud en todo el país. Esta disminución se acentúa en tanto las intervenciones médicas y sobre todo las cesáreas –que ya alcanzan al 40 % de los partos- se reducirán al 15 % esperable.[6]

7.-Aportes operativos.

Mediante la reformulación de los incisos “a”, “b” y “h” se procura:

-Inciso a: que la mujer, su pareja y quien ella designe, sean informados tempranamente en el embarazo y repetidamente durante el mismo –una vez por cada trimestre recorrido- de las intervenciones médicas posibles. Serán informados además de otros modos de parir que no involucren al sistema médico, ofreciéndose a la mujer gestante, su pareja y a quienes la mujer designe, una “Casa de partos” (ver reforma artículo 3) cercana a su domicilio y con las condiciones de personal y mantenimiento adecuadas a un parto no patológico.

Para la transmisión de esta información serán designadas la parteras que brindarán los contenidos en forma individual o de grupos de mujeres y parejas.

Para el caso de la detección temprana de patología en el embarazo, será incluido un/a médico/a obstetra.

El sistema de salud, público y privado, brindará material informativo sobre otros modos de parir, en sus sitios web, por medios gráficos y en los modos a su alcance.

-Inciso b: Ver Artículo 3 reformado.

-Inciso h: Idem.

Reforma: Inclusión de nuevo articulado y corrimiento de numeración consecutiva.

Artículo 3:

Se crea el  programa de “Parto libre en Casas de Partos”.

El estado nacional, a través de sus ministerios relacionados: Desarrollo Social, Educación y Salud deberán conformar equipos de trabajo conjunto para el diseño, construcción y administración de las “Casas de Partos”. Los equipos de trabajo serán colegiados, teniendo cada ministerio la misma cantidad de representantes y coordinando de modo rotativo por períodos de un año, comenzando por el Ministerio de educación.

Será de su incumbencia construir y administrar una “casa de parto” cada mil mujeres censadas, según el Censo Nacional 2010. De igual modo que en el párrafo anterior, los equipos tendrán representantes idóneos en igual cantidad y coordinados del mismo modo.

Las “casas de partos” contarán con equipos interdisciplinarios coordinados por parteras y conformados por una trabajadora social y encargada de mantenimiento e higiene del lugar. El personal será compuesto exclusivamente por mujeres.

Estos ministerios encararán la conformación de equipos de difusión de alternativas al parto humanizado-medicalizado. Este equipo será quien garantice la presentación de escritos y ponencias en congresos y encuentros colectivos de educadores/as, médicos/as, Psicólogas/os, y todas las disciplinas del campo social. Será de su incumbencia la elaboración de contenidos y propuestas pedagógicas para su difusión en todos los niveles educativos de instituciones públicas y privadas, referidas al parto no medicalizado llevado adelante en “casas de partos”.

Se conformará un equipo de seguimiento estadístico que registre la cantidad de partos en centros de salud, la incidencia de patologías, cesáreas e intervenciones médicas.  Al mismo tiempo este equipo hará el seguimiento de las “casas de partos”, registrando los mismos items que en los centros de salud, incluyendo además, el proceso del puerperio. Este equipo llevará adelante los cuadros estadísticos comparativos entre los costos fijos y variables para los partos institucionales y un los partos libres o en “casa de partos”.

PROYECTO DE LEY

Reforma Ley nacional de 25.929 o de Parto Humanizado.

Modificación del articulado y sustitución de artículo 3 y 4 que instituye las “casas de partos” como lugar alternativo de nacimiento, controles de embarazo y tramitación del puerperio. Declaración sobre la instalación de “casas de partos” en el territorio nacional.

El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina declaran:

Solicitar al Poder Ejecutivo, que a través del organismo que corresponda, inicie una campaña de concientización sobre la utilización de “casas de partos” para las mujeres, sus parejas y quienes ellas designen, puedan llevar adelante partos nomales sin intervenciones médicas y con el equipo que designen para los procesos de embarazo, parto y puerperio.

Proyecto de Ley sobre Reforma de Ley Nacional 25.929

FUNADAMENTOS

Artículo 1º: La presente ley será de aplicación tanto al ámbito público como privado de la atención de la salud en el territorio de la Nación.

Las obras sociales regidas por leyes nacionales y las entidades de medicina prepaga deberán brindar obligatoriamente las prestaciones establecidas en esta ley, las que quedan incorporadas de pleno derecho al Programa Médico Obligatorio.

Artículo 2º, Quedará redactado del siguiente modo en sus incisos: a, b y h.

Inciso a: A ser informada sobre las distintas intervenciones médicas que pudieren tener lugar durante esos procesos de manera que pueda optar libremente cuando existieren diferentes alternativas. La mujer, su pareja y quien ella designe, serán informados desde el primer trimestre y repetido otras dos veces hasta el parto, de otros modos de parir que no involucran a la medicina y sus instituciones. Se informará  de las “casas de partos”, su existencia, su localización y disponibilidad, como así también de los equipos humanos disponibles.

Inciso b: A ser tratada con respeto, y de modo individual y personalizado que le garantice la intimidad durante todo el proceso asistencial y tenga en consideración sus pautas culturales. Para cumplimentar estas disposiciones lasa “casas de partos” ofrecerán un lugar despojado, sin señales del sistema médico, que pueda ser investido de las representaciones que las mujeres consideren propias y respeten su intimidad.

Inciso h: A tener a su lado a su hijo o hija durante la permanencia en el establecimiento sanitario, siempre que el recién nacido no requiera de cuidados especiales. Optando por las casas de partos, la mujer y su pareja dispondrán tiempo y lugar para llevar adelante prácticas médicas sobre el bebé.

Artículo 3º: Se sustituye en la ley original por el presente:“Toda mujer tiene derecho a llevar a delante su embarazo, parto y puerperio (EPP) como ella misma considere; en procura de lo que considere su propio bien y el de su criatura, para lo cual tiene los siguientes derechos:

Inciso a:-Parir en su domicilio, con el seguimiento y acompañamiento del equipo que considere apropiado durante el período de EPP.

Inciso b:-La mujer contará en zona próxima a su domicilio –que no excederá las 10 cuadras- de una casa de partos acondicionada y con personal suficiente, para llevar adelante el EPP, reduciendo al mínimo la intervención del sistema médico

Artículo 4º: queda sustituido por el texto que sigue a continuación:

Inciso a:-“El estado Nacional, representado por: Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Educación de la Nación; contarán con el presupuesto para llevar adelante la construcción de una casa de partos cada mil mujeres censadas en todo el territorio nacional (Censo nacional de población y vivienda 2010).

Inciso b: El Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Educación de la Nación, ofrecerán equipos interdisciplinarios para llevar adelante las casas de partos, como los equipos de trabajo de parto domiciliario. Estos estarán coordinados por parteras diplomadas y conformados una asistente social y una pedagoga o docente. Dichas casas contarán con una persona para limpieza y mantenimiento; todas las miembros del equipo serán mujeres.

Inciso c: Los tres organismos llevarán adelante el programa de parto domiciliario y parto en casas de partos, como alternativa a los partos medicalizados. Para dicho propósito se conformarán tres equipos interministeriales para llevar adelante tres tareas básicas:

-la creación y difusión de contenidos en todos los niveles educativos acerca de las ventajas de llevar los EPP en condiciones de resguardo e intimidad tal y como es llevada adelante la propia concepción; al mismo tiempo que divulgar las ventajas afectivas, sanitarias y económicas de un parto llevado adelante en la intimidad del hogar o en casas acondicionadas o de partos.

–La creación de equipos interministeriales de estadísticas, que en coordinación con las direcciones de estadísticas de las provincias y nación, llevarán a delante el seguimiento de partos en instituciones públicas y privadas del sistema médico y las llevadas adelantes en domicilios y casa de partos; estableciendo comparaciones y publicando sus resultados con frecuencia semestral.

-Se creará, del mismo modo, un equipo de seguimiento contable de gastos hospitalarios en procesos e intervenciones en períodos de EPP. Seguimientos paralelos se llevarán adelante en casas d partos y partos domiciliarios (con intervención estatal).

Artículo 5º: corresponde al 3º de la ley original. Sin cambios.

Artículo 6º: corresponde al 4º de la ley original. Sin cambios.

Artículo 7º: corresponde al 5º de la ley original. Sin cambios.

Artículo 8º: corresponde al 6º de la ley original. Sin cambios.

Artículo 9º: corresponde al 7º de la ley original. Sin cambios.

Artículo 10º: Comuníquese al Poder Ejecutivo.

 

Dada en la Sala de Sesiones del Congreso Argentino, en Buenos Aires, a los veinticinco días del mes de agosto del año

Sanción…

Promulgación…

Bibliografía:

Sofía Rosa Siqueira Varejao “Aportes de la Psicología Perinatal ante la elección del modo de parir”. Trabajo monográfico sin publicar. Presentado como trabajo final a la materia “Psicología Perinatal”. UBA Facultad de Psicología.

Schallman Raquel, “Parir en libertad. En busca del poder perdido”, Ed. Sudamericana, 2007.

Enciclopedia Cuidados en el Parto Normal. Guía práctica OMS

http://www.holistika.net/parto_natural/oms/cuidados_en_el_parto_normal._guia_practica_oms.asp

Enciclopedia Wikipedia http://es.wikipedia.orghttp://whqlibdoc.who.int/hq/1996/WHO_FRH_MSM_96.24_spa.pdf

http://www.clap.ops-oms.org/web_2005/BOLETINES%20Y%20NOVEDADES/BOLETIN%2009.pdf

http://www.scielosp.org/scielo.php?pid=S1020-49892007000300008&script=sci_arttext

 

 

 


[1] Trabajo presentado como examen final en el curso virtual: “Derechos Humanos y Género” dicado en 2010 por la Secretaría de Derechos Humanos dependiente del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación.

[2] Resaltados nuestros.

[3] Subrayados nuestros.

[4] Prácticas obligatorias por ley que deberían ser revisadas por su invasividad para el/la recién nacidx.

[5] Ver punto 1 de este mismo trabajo, pag 1.

[6] Según OMS (Organización Mundial de la salud)Ver: http://whqlibdoc.who.int/hq/1996/WHO_FRH_MSM_96.24_spa.pdf

http://www.clap.ops-oms.org/web_2005/BOLETINES%20Y%20NOVEDADES/BOLETIN%2009.pdf

http://www.scielosp.org/scielo.php?pid=S1020-49892007000300008&script=sci_arttext

Domingo, 26 de Diciembre de 2010 14:36

Ovejas y mariposas

De la experimentación, de la audacia, de mis compañerxs de travesía…

de Santiago Emilio Montilla Galeano, el miércoles, 14 de octubre de 2009 a las 17:56.

 

"Pasaje esquizo tal cual su nombre lo indica es nada mas y nada menos que un grupo de pasaje. Un esbozo, un borrador a punto de cambiar."

(Pequeño Manifiesto, retazos e hilachas)

 

Manada de ovejas (escena 26)

“Cierre de temporada de caza”, reza un cartel a la entrada del aula 108 el sábado 3 de octubre de 2009.(1) Entiéndase esto por: ¡¡Basta!! (escena N°…) l@s alumn@s-ovejas nos hemos cansado que nos tomen el pelo: los psicoanalistas,(2) el capital, los docentes, las cátedras, las buenas familias…

 

Emilio y Sofía

"Pasajeesquizo...Se trata de un grupo y lo es en todo momento ya que entendemos que la subjetividad es por lo menos un grupo, cuando no, un colectivo y por momentos un agrupamiento confuso. Se afirma entonces que aunque un@, sólo un@ de Nostra@s este en marcha, el grupo existe." de: Pequeño Manifiesto, retazos e hilachas.

 

Jugando como juega Deleuze en “Lógica del Sentido” y como Alicia en el país de las Maravillas, hay mujeres –muchas siempre- y también los hay varones que crecen, cambian, van siendo más grandes de lo que se están volviendo.
La Argentina minimal que no para de crecer, no engorda, ni se hincha, crece en las grietas y nunca llega a ser mayoritaria.
Lo mínimo está en la basura : cartones que nadie quiere, cartoneros que recuperan lo que los vecinos descartan.

Jugando como juega Deleuze en “Lógica del Sentido” y como Alicia en el país de las Maravillas, hay mujeres –muchas siempre- y también los hay varones que crecen, cambian, van siendo más grandes de lo que se están volviendo.

La Argentina minimal que no para de crecer, no engorda, ni se hincha, crece en las grietas y nunca llega a ser mayoritaria.

Lo mínimo está en la basura : cartones que nadie quiere, cartoneros que recuperan lo que los vecinos descartan.

Desde las veredas de la basura hasta la ronda de la pirámide de Mayo, pasando por las esquinas asamblearias, devenires minoritarios horadando los poderes genocidas, los neoliberales, los oligárquico-gorilas.

 

 

Sábado, 25 de Diciembre de 2010 12:13

Experimentaciones: Un Avión

" En Pasajeesquizo...Nos reunimos varios –identidades- con el objetivo de pasar por la experiencia clínica en todos sus planos y niveles; sobre todo aquellos que nos llevan del sufrimiento a la alegría." de: Pequeño manifiesto, retazos e hilachas.

 

Multiplicación literaria y singularísima desde la escena N°1 dramatizada por la comisión 2 de la materia Teoría y Técnica de Grupos I, Leído en la Mesa redonda del lunes 19 de abril en Facultad Psicología, UBA. 2010.

[Así comienza]

 

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